“Para encender la llama del amor, sólo se necesita que se encuentren dos personas, para apagarla sólo se necesita que sople fuerte una de ellas”.
(Anónimo; si alguien puede reclamar la autoría de este maravilloso refrán, que se comunique con nosotros; si tú sabes quién lo dijo o escribió por vez primera, te agradeceremos que nos des la información)
(Adonis despierta con el beso de Afrodita, de John W. Waterhouse)
El amor verdadero es algo diferente al entusiasmo de un encuentro venturoso con alguien con quien “tenemos química”, por poderosa que esta sea. El amor es como un tapiz que se va haciendo en un telar de cintura. La urdimbre se construye poco a poco, con cuidado, con cariño, con paciencia. El diseño puede estar en la cabeza del artesano, o en un papel que mira, pero seguirlo requiere de atención concentrada. Las horas que pasa la tejedora en el telar no son en vano, son las que requiere la obra que se ha propuesto. Cuando termina, todo el arte, todo el colorido y la originalidad del diseño se ven reflejados en un pedazo de material que parece un objeto bidimensional bastante simple, pero no lo es. Hacer el amor es igual. Se trate de un tapiz mediano, una bufanda, o una alfombra persa, no se logran en un par de minutos y sin pensar. Esta es una distinción importante, lo que podríamos llamar sexo recreativo, por un lado, equivale a eso que se podría hacer en un par de minutos y sin mucho pensar, y el sexo amoroso entre dos personas que se quieren de verdad, por el otro, equiparables a un tapiz o a una alfombra.
Hay distintos tipos de amores. Los hay interesados, y desinteresados, los hay igualitarios en base de reciprocidad espontánea, los hay de tipo generacional, los hay fraternos. En fin, el amor tiene casi tantas formas como parejas pueda uno imaginarse, pero no todas las parejas que van juntas se aman. También hay amores multitudinarios, aunque son raros.
Aristóteles dijo que el amor verdadero era el que se basa en la virtud, y no en la utilidad; la amistad merece ese nombre, amor de amigos. Una pareja que parece un club de admiradores de dos miembros, cada uno admirador del otro, eso es una pareja amorosa, sea de amantes o de amigos, pero si son amantes entre estos admiradores también hay un deseo de comunión y de procurar placer al otro. Al mismo tiempo el amor de amantes es una relación en la que ellos se dan para recibir y reciben para dar, pues saben que el ciclo del amor es virtuoso. (Es sobre esta premisa que el líder de La Fundación ERIN desarrolló “El Canon del Amor Virtuoso”)

Por mi parte, yo no estoy muy seguro de que haya "amores multitudinarios". Puede haber encuentros orgiásticos, pero es otro fenómeno: explosión multitudinaria de sensualidad y erotismo. En cuanto al amor, como menciona en "La llama doble" Octavio Paz, hay un componente muy importante: no es sólo carne y deseo, sino que también hay un "enamoramiento del alma". Hay un componente que rebasa la esfera física. Del fuego de la sexualidad, aparece la primera llama del erotismo. Y más difuminada, más misteriosa, la segunda llama, la del amor aparece.
ResponderEliminarEs un tema apasionante.