sábado, 8 de octubre de 2011

La Conciencia y el Amor

 La Conciencia y el Amor  

(Ilustración: Estatua de Canovas: Eros y Psique)

   Fenómeno interesante y difícil de entender, el de la conciencia. Pareciera como si yo fuera dos personas o, a veces, más. Uno que piensa sobre lo que el otro está haciendo. Uno que piensa lo que el otro recuerda. ¿Quién recuerda a quién? ¿Cómo terminará el pasado? ¿Cuándo es ahora?


   Las relaciones humanas armoniosas y perfectas no existen; ni siquiera yo me entiendo lo suficiente para decir que tengo una relación armoniosa y perfecta conmigo.
   La cuestión del amor y el sexo, el erotismo, o el sexo con amor, se hace truculenta, difícil o fácil, simpática o sombría, alegre, desgraciada, agraciada, placentera o indiferente, dependiendo de que uno y otro se decidan a aceptar las limitaciones de la percepción y de la realidad, que actúen con la intención de agradar a la pareja o no. La conciencia de cada uno respecto de lo que hace, percibe y da, influye en la relación. Ni uno es el complemento perfecto del otro, ni uno recibe al otro en toda su esplendorosa belleza.
   Sin embargo, el erotismo es una ayuda, un acicate y una ventana que nos permite atisbar las posibilidades del placer, de la felicidad y del éxtasis.  Si el orgasmo nos lleva a un placer trascendente, el erotismo permanente nos lleva a una felicidad posible, más duradera que la felicidad fugaz del orgasmo.


   Involucrarse con otra persona es un acto de valentía, entre las acciones más valerosas que se pueden decidir, pero en plena conciencia es más difícil que fácil. Y, sin embargo, muchas personas, parcialmente conscientes, lo concedo, hacen eso, exactamente... deciden voluntariamente involucrarse con otras. Llevadas por el deseo, por la lujuria, por la búsqueda de una plenitud que no encuentran en su soledad, por el deseo de crear una familia, o por otra razón que me escapa, se acercan a otra persona, se enamoran de ella y le piden...  matrimonio... ¿por qué no pedirle su amistad? ¿no sería ya bastante?


   Educados en una sociedad que simplifica y homogeneiza los valores y las ideas, las emociones, la identidad de género, la pertenencia, el bien, o el mal, que trata de eliminar los tonos en un mundo colorido para dejarlo en blancos y negros, no vemos las relaciones de pareja como pueden ser, sino como la sociedad nos dice que deben ser. Más que un poco ya es demasiado, a menos que te cases. Ser “amigos con derechos” creo que es algo suficientemente importante y trascendente como para satisfacer a la mayoría y, sin embargo, parece que no es bastante... las instituciones sociales nos piden más, quieren que queramos y pidamos más. Quieren un juramento de exclusividad genital, de fidelidad a toda prueba, de amor eterno, de complementariedad absoluta. ¿Quién puede cumplir con semejante carga?  ¿Las santas, los iluminados?


   Te deseo un día con alegrías y destellos de claridad, con momentos de lucidez. Si estuviéramos juntos, me gustaría darte un abrazo cariñoso, dulce ¿y fundirme contigo en uno? Si te place. Pero estamos aquí dentro, en este mismo cuerpo, y ni tú ni yo podemos salir de él para encontrarnos plenamente en un abrazo y fundirnos como dos nubes que chocan y se hacen una... Me conformo con un abrazo de corazón a corazón 

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